Diosas del Management (2 de 6): Atenea

Cuando Charles Handy buscó en Gods of Management una figura para representar a las organizaciones orientadas a resolver problemas, no eligió por una vez un dios masculino, prefirió a Atenea. Es una excelente elección. Entre todas las deidades del Olimpo, probablemente ninguna representa mejor una cualidad especialmente necesaria en tiempos turbulentos: la capacidad de mantener la cabeza fría cuando alrededor todo invita a precipitarse.

Atenea es la diosa de la sabiduría, pero también de la guerra. Aunque no de la guerra entendida como fuerza bruta. Para eso estaba Ares. Atenea representa otra manera de combatir: observar, comprender, imaginar una estrategia y solo entonces actuar (no es casualidad que Ulises fuese su héroe predilecto, y Atenas la polis griega bajo su protección, la ciudad de Sócrates, Platón y Aristóteles).

Después de veinte años de ausencia, diez combatiendo en Troya y otros diez intentando regresar, Ulises llega por fin a Ítaca. Podríamos imaginar su tentación: entrar inmediatamente en palacio armado de su arco, presentarse ante quienes han ocupado su casa y tratar de recuperar por la fuerza lo que le pertenece.

Pero Atenea le aconseja algo mucho menos heroico: disfrazarse de mendigo. Antes de actuar, Ulises debe observar. Necesita comprender qué ha ocurrido durante su ausencia, quién continúa siendo leal, quién le ha traicionado y cuál es la correlación de fuerzas a la que se enfrenta. Solo cuando disponga de ese conocimiento llegará el momento de actuar.

No es la única ocasión en que Atenea contiene el impulso de un héroe. Al comienzo de la Ilíada, cuando Aquiles, enfurecido con Agamenón, está a punto de desenvainar la espada, Atenea aparece para detenerlo. Una vez más, entre el estímulo y la acción introduce algo extraordinariamente valioso: tiempo para pensar.

Tal vez esta sea la primera enseñanza de Atenea para quienes hoy dirigen organizaciones.

Vivimos rodeados de urgencias. La tecnología cambia, aparecen nuevos competidores, se transforman los mercados y cada día surge algún incendio que parece exigir una respuesta inmediata. Hemos convertido incluso la velocidad en una virtud empresarial. Pero actuar rápidamente y actuar precipitadamente son cosas muy diferentes.

A veces, la decisión más estratégica consiste precisamente en no decidir todavía. Observar. Escuchar. Hacer preguntas. Entender qué está ocurriendo realmente antes de movilizar a toda la organización en una dirección que quizá sea equivocada.

Pero Atenea tiene una segunda característica que me parece todavía más interesante.

Atenea orienta, aconseja, pero rara vez interviene de forma directa, a pesar de su extraordinario poder. A Perseo le proporciona el escudo pulido que le permitirá enfrentarse a Medusa sin mirarla directamente. A Telémaco lo anima a abandonar la pasividad y emprender la búsqueda de noticias sobre su padre. A Ulises lo acompaña, lo aconseja y, en ocasiones, transforma incluso su apariencia. Pero es Ulises quien debe recuperar Ítaca.

Atenea parece entender algo que no siempre resulta evidente para quienes ocupan posiciones de responsabilidad: liderar no consiste en resolver personalmente todos los problemas. Consiste muchas veces en identificar quién es la persona adecuada para resolver cada uno de ellos, confiarle una misión, proporcionarle los recursos necesarios y darle espacio para actuar.

Y aquí reaparece Charles Handy. Su cultura Atenea es precisamente la organización que se construye alrededor de los problemas que deben resolverse. El poder no procede exclusivamente de la posición jerárquica. Importan el conocimiento, la experiencia y la capacidad de contribuir a una tarea concreta. Los equipos se forman alrededor de los retos y el talento se despliega allí donde puede aportar mayor valor.

Casi medio siglo después de que Handy escribiera sobre los dioses del management, esta idea parece aún más contemporánea. Las organizaciones se enfrentan a problemas demasiado complejos para que una sola persona, por competente que sea y por elevada que sea su posición en el organigrama, pueda disponer de todas las respuestas.

Quizá necesitemos en estos tiempos un poco menos preocupación por parecer heroínas o héroes (el postureo en Linkedin es un virus contagioso, al parecer) y un poco más disposición a comportarse como Atenea, que deja que sean otras personas las que brillen, las de sus equipos.

Líderes capaces de introducir una pausa cuando todos quieren correr. De observar antes de actuar. De distinguir quién sabe qué. De escoger a la más adecuada para cada desafío. De darle el consejo, entregarle la herramienta que necesita para superar su reto.

Y por último, algo que a veces resulta todavía más difícil: dejarles hacer.



Artículo originalmente publicado en la sección Talento&Negocios en El Correo con fecha 06/10/2026.

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